
Siendo pequeña le tuve miedo a mi papá porque tenía un carácter muy fuerte y nos golpeaba a mí y a mi hermano si no nos «comportábamos bien». El comportarnos bien era obedecer a los padres sobre todo en los haceres de la casa. La verdad, yo era una niña de 9 años y yo solo quería jugar, no quería hacer oficio, odiaba hacer oficio todos los días en las vacaciones o los fines de semana, entonces mi mamá siempre le ponía quejas a mi papá y entonces cuando llegaba de trabajar nos pegaba tan duro que me hacía llorar porque físicamente me dolía. Entonces yo siempre le tenía mucho miedo a mi papá porque sus castigos eran muy dolorosos. Yo no era una niña traviesa, o una niña problema, solo que no me gustaba hacer oficio en la casa. Pero entiendo que yo debía ayudar a mi mamá porque era mucho trabajo para ella sola, más estar al cargo de 3 niños, en la que yo era la hija mayor. Fui una buena estudiante, no recuerdo que mis padres tuvieran que hacer las tareas conmigo, siempre fui muy responsable y yo me encargaba de mis tareas.
Cuando termino la Universidad, comienzo a trabajar en una empresa y mi jefe al igual que mi papá tenía un carácter muy fuerte, y cuando le daba rabia nos lanzaba unos gritos tan duros que todo el piso de la oficina se daba cuenta, eso era tan humillante, porque todo el piso se enteraba cuando este señor nos gritaba sin piedad. Y por supuesto yo le tenía tanto miedo a ese hombre, que cada vez que me gritaba me hacía llorar, pero no podía llorar frente a él porque más rabia le daba. Con este abusivo jefe, yo me obligaba a mi misma, que no podía cometer ningún tipo de error. Yo era superexigente conmigo misma, pero me convertí en una persona tan insegura, tanto, que revisaba mi trabajo dos veces para que no se me pasara nada, entonces el trabajo no me rendía porque yo todo lo revisaba, desconfiaba de mí misma. Me tenía que esforzar el doble para evitar que este señor se fuera a los gritos en contra mía.
Ahora que han pasado los años comprendo perfectamente que el miedo que yo le tenía a mi papá era el mismo que le tenía a ese jefe. Esos eran otros tiempos y había ese tipo de jefes que gritaban a sus empleados, los humillaban en público, y eso era muy normal. Pero ahora que vivo en otro país y que ya no es permitido el abuso laboral (sigue existiendo tal abuso, pero de otras maneras), me queda muy claro que ya no permitiré que nadie me grite o me maltrate. A veces siento rabia de haber permitido todo eso, de haber sido tan débil, pero comprendo que yo pensaba que tenía que someterme a la autoridad, y que la autoridad era así: violenta, irrespetuosa, abusiva. Es lo que conocí de niña. Con este jefe yo volví a ser esa niña que era temerosa, insegura, carente de reconocimiento, torpe y demostrando mi miedo a flor de piel. Que dolor me da, el ver ese lado no bonito de mí. Claramente puedo evidenciar mi nulo amor propio, ni siquiera sabía que era eso cuando tenía esa edad.
Me duele mucho ver el abuso de poder, y como personas humillan a sus colaboradores. En el país que vivo, afortunadamente hay muchas oportunidades laborales entonces nadie tiene que aguantar este tipo de agresiones y sometimiento que tristemente sí existen en muchos países como del que procedo yo, pero al no haber muchas opciones laborales, las personas deben aguantar todo este tipo de improperios porque tienen que llevar el pan a sus hogares y tristemente, deben aguantar.
Ahora que conozco del amor propio y que comencé a auto valorarme, no permitiré que ningún jefe o colega me maltrate. Porque yo soy un ser humano valioso, responsable, dedicada, no me gusta la mediocridad por eso yo sé que soy valiosa para cualquier empresa que necesite de mis servicios. Y también sé que siempre daré lo mejor de mí, por eso nadie puede gritarme u ofenderme. Nunca más.





