Como decirte adiós si todavía te quiero.

Como decirte adiós si todavía te quiero.

Photo by Mathilde Langevin on Pexels.com

Fácilmente sabemos cuando debemos decir adiós a alguien; pero no es fácil cerrar el ciclo.

Y como sabemos que hay que cerrar el ciclo? Cuando la relación ya no fluye, cuando el interés de esa persona va disminuyendo y tu sientes que eres tu quien hace todo el esfuerzo para que esa relación siga viva. Además ya no sientes paz en ti. Y si algo te está produciendo tristeza, claramente la vida te está diciendo que está relación ha llegado a su final.

Y nos duele que las relaciones no funcionen cuando estamos enamorados. Además sentimos ese apego, el cuál es tan difícil de soltar pues pensamos todo el tiempo en esa persona, sentimos el vacío en nosotros y queremos luchar para que esa persona vuelva a ser la persona que nos enamoró.

A veces no tenemos lo que queremos sino lo que necesitamos y comenzamos a entender que la vida nos ha enviado un aprendizaje que necesitábamos. Y en medio del dolor debemos preguntarnos que me quiere mostrar esto: Cuáles son mis miedos? Mi amor propio es fuerte? Estoy viviendo en el apego?

Debemos entender que todo ocurre para un propósito en nuestra vida y que cuando comprendamos su razón de ser, le estaremos quitando esa fuerza; nos estaremos empoderando porque sabemos que está ocurriendo para enseñarme a ser fuerte, para evolucionar, para erradicar mis miedos que me limitan. Y cuando comprendemos la enseñanza, poco a poco podremos ir soltando sin rabia, sin tristeza y mágicamente la vida nos abre otras puertas. Es como si la vida nos dijera: «Prueba superada. Lo has logrado! Ahora pasas al siguiente nivel.»

Como pudiste adquirir la comprensión a esa vivencia, la vida escasamente te pondrá a repetir la misma experiencia y si lo hace es para corroborar que si comprendiste y que tu corazón ha sanado.

Para mi ha sido difícil dejar ir a alguien que todavía amo. Pero comienzo con el proceso de ir soltando poco a poco, comprendiendo que estar con él no es bueno para mí, está comprensión es fundamental para dar el primer paso. Luego me pregunto, que viene a enseñarme él? y entiendo que debo reforzar mi amor propio, que todavía amo con apegos porque me duele soltar, en conclusión estoy amando con apego.

Entonces comienzo a decirle adiós, he escuchado que uno debe dar gracias a esa persona, pero en mi caso yo prefiero dar gracias al entrenador que la vida me envió para mejorar mi ser, ese entrenador que me mostró las cosas que no están fuertes en mi y que debo mejorar. Hacer la observación es esencial para poder ir soltando. Como he dicho, decirle gracias a esa persona por su nombre no es fácil para mí, pero si es fácil para mí verlo como un maestro de vida sin rabia. Y luego le digo a Dios que lo bendiga. Esta comunión de acciones me ha ayudado a tomar ese paso de cerrar un ciclo con amor. De entender que esto también ha llegado a su final y evidentemente es un duelo que debo vivirlo, no evitarlo porque claramente no podré sanar. El alma necesita cerrar el ciclo y manifestárselo a esa persona. Para mi es necesario la claridad entre esa persona y yo. Es más fácil dar el primer paso.

Al principio duele pero con los días duele menos. Importante, estar ocupado y si es en algo que te gusta, mucho mejor. Es bueno tratar de desconectarse para no pensar tanto y no estar tentados a buscarlo o a retroceder en el camino que ya empezamos a recorrer, a decir adiós.

Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.

Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.

Photo by SHVETS production on Pexels.com

Nada mejor que aceptar las cosas y no negarse. Nada mejor que enfrentar a tu enemigo y cuando hablo de enemigo me refiero a esa situación que te quita la paz como una enfermedad, un miedo o esa dificultad que te hace vulnerable en este momento. Al principio nos damos a la negación pero no dejamos en pensar en eso, que paradoja lo negamos pero lo tenemos en nuestra mente día y noche.

Cuando leí esta frase supe inmediatamente que tenía que enfrentarme a la diabetes, me negué a aceptar que la padecía, me dolía mucho saber que tenía una enfermedad crónica. Pero supe que si aceptaba que existe en mí podría hacerle perder su fuerza de destruirme. La confronté, le dije esta bien Diabetes, ya se que viniste a mi vida, reconozco que puedes matarme como lo hiciste con mi tío. Pero no voy a concentrarme en lo negativo, voy a mirar lo positivo. Quizás llegaste a mi vida para mostrarme que la salud es un tesoro, que comerse un chocolate es un gran placer en la vida y que no necesito gastar mucho dinero para disfrutar de comer ese chocolate pero ahora no puedo comerlo; pero eso no quiere decir que no reconozca de los pequeños placeres que dan mucha felicidad. Llegaste a mi vida para enseñarme que lo que no se mide, no se controla y esto lo deberíamos aplicar en nuestras finanzas, en nuestros emprendimientos, o en los negocios. Viniste para mostrarme que el ejercicio físico, la sana alimentación debería ser una constante en nuestra vida y no solo cuando el cuerpo se enferma. Me enseñaste que el cuerpo habla cuando la mente calla y que es necesario sanar nuestro niño interior porque de lo contrario nuestro cuerpo sufrirá las consecuencias de los traumas que nunca fueron tratados, hablados y superados. Nuestro cuerpo es tan valioso e inteligente y es nuestro vehículo en este espacio terrenal y que deberíamos agradecer por el todos los días.

Por todo esto enfermedad acepto que llegaste a mí pero eso no significa que te quedes conmigo toda la vida, te veo como una maestra pero no te veré como parte de mi. Dios me sanará porque creo en El. Así que te doy gracias Maestra por todo lo que me has enseñado. Espero que pronto puedas irte de mi vida. Prometo que me amaré más y que cuidare siempre de mí, mejoraré mis pensamientos y hábitos.

Cuando comencé a hacer este ejercicio de aceptación, mis niveles de azúcar mejoraron mucho y hasta al momento no se ha desbordado en mí. Y sentí que le había restado fuerza a mi enfermedad y que ella no me controlaría. El aceptarla me hizo ver solo las cosas positivas y en eso me concentré y por supuesto me transformó haciéndome más fuerte y valorando más la vida.

Mi depresión y ansiedad.

Mi depresión y ansiedad.

Photo by Aidan Roof on Pexels.com

He sufrido cuadros de depresión desde que estaba en mi último año de colegio y mi inmadurez estaba en todo su esplendor. Era una adolescente inmadura y muy enamorada, esta combinación es aterradora. Luego a mis 30 años comencé con un cuadro de ansiedad tan fuerte que tuve que estar medicada, y se debía a mi estrés laboral, a veces trabajaba hasta 12 horas seguidas porque era demasiado mi carga laboral. La soledad se apoderó de mi, yo nunca he sido muy sociable entonces mis amigos han sido pocos. Mi gran defecto es no mantener la amistad, he tenido a tantos amigos pero a todos los alejo de mi corazón. Cada vez que llego a un nuevo entorno, hago amigos y luego que dejo ese lugar, pierdo todo contacto con ellos. A mis 30 años la soledad me dolía, era esa sombra que tu querías desaparecer pero mis pocos amigos ya estaban casados o con hijos, y por supuesto ya los amigos pasamos a un tercer o cuarto lugar, entonces aprendí a amar a la soledad, aprendí a abrazarla y a quererla, aprendí a convivir con ella. A mis 30 ya tenía «todo», casa, carro, una carrera profesional, un posgrado y trabajaba en una multinacional pero estaba tan sola, recuerdo que ganaba bien pero no tenía con quién compartir experiencias, vivencias, esas cosas que solo se disfrutan con una pareja ó con amigos.

Entonces abracé esa soledad con amor y ese abrazo se volvió un hábito en mí. Ahora amo mis ratos de soledad y aunque esté casada necesito esas horas conmigo misma a diario, son vitales.

Hace unos años, mi depresión regresó, viví la infidelidad, el desamor de mi pareja y sentí tanto dolor, esta vez fue mas fuerte. En mis treinta años había sido medicada por mi ansiedad pero me recuperé, dure dos años en tratamiento psiquiátrico. Pero ocho años después me sentí de nuevo tan vulnerable, sin ganas de vivir, con un dolor que me ahogaba y el insomnio se apoderó de mi. El dolor era tan fuerte, que se convirtió en desesperación, el día en que no aguanté más tuve que ir un hospital psiquiátrico, no me atendieron porque solo atendían pacientes de una empresa prestadora de salud. Yo pensaba que me iba a tirar a un carro, estaba tan desesperada; no entiendo como estas entidades si ven una persona enferma que llega sola por sus propios medios no la atienden. Por Dios, ese día quería morirme y ese hospital me dijo «no podemos atenderla». Tuve que irme a un centro comercial cercano o shopping mall y tranquilizarme. Ese día había contactado a mi psiquiatra, pero el no tenía disponibilidad, su agenda estaba llena; él viendo mi desespero me recomendó a una colega suya, pude hablar con ella por teléfono y por fin ella podía verme al siguiente día. Sentí un gran descanso, ese día viví un ataque de ansiedad. Fue lo más horrible que viví y lo viví sola, mi pareja con quién me iba a casar ya estaba en brazos de otra mujer.

En esos días en que estaba tan deprimida mi relación con mi mamá estaba mal porque yo estaba irritable, de mal genio pero yo nunca le hablé a mi mamá o a mi familia de la tristeza que traía porque sentía que ellos no podían entenderme por lo que estaba pasando. Siento que una persona que no ha sufrido de depresión o ansiedad no es buena consejera, porque te dicen «mi vida fue muy difícil y yo no tuve que ir a un psicólogo», «la vida es muy bonita para uno ponerse triste». En fin, te afecta más cuando empiezan a darte esos consejos que al final terminan desesperándolo más a uno. La única persona que sabía de mi situación era mi mejor amigo pero el vivía en otra ciudad.

Ese día recuerdo que llamé a mis amigas, era un martes o miércoles, no recuerdo bien el día pero eran las 12 pm (mediodía) y ninguna de mis amigas contestó mis llamadas. Necesitaba hablar con alguien para no tirarme a ningún carro, ese día quería acabar con mi vida. Era increíble que nadie pudiera contestarme el celular, era increíble que un hospital mental me negará el servicio. Pero cuando hablé con la psiquiatra pude calmarme y al otro día fui a la cita con ella. Fui diagnosticada con un cuadro de depresión moderado y ansiedad. Obviamente me medicaron y al mes solo pude obtener el alivio que necesitaba mi alma. La doctora me había dicho que me sentiría mejor al mes, que el medicamento no hacía efecto inmediato, recuerdo que dije «ay Dios mío es demasiado tiempo» pero la doctora me dijo te voy a mandar una incapacidad, pastillas para dormir y con solo dormir lo suficiente empezaras a sentirte mejor, y así fue. Recuerdo que al siguiente día después de la cita con la psiquiatra dormí 14 horas seguidas. Nunca había dormido tanto en mi vida, ese día me levante con los ojos hinchados de dormir que hasta me asusté de mi aspecto pero me sentía más tranquila. Estar medicada no es lo que uno quisiera, pero cuando llegó ese día que despertaba con esperanza, donde sabía todo mi valor como mujer, solo que la enfermedad me había hecho olvidar quererme; donde me sentía una idiota por sufrir por un hombre ya era síntoma de que me estaba mejorando. Esto ocurrió en el año 2018, duré medicada por dos años. Mi doctora decía que debía estar medicada por años pero cuando comencé este camino de la espiritualidad, yo comencé a sentirme mejor. En este momento estoy muy bien, no he vuelto a sentirme triste, no he vuelto a tener insomnio. Toda esta información que les estoy compartiendo en mi blog, me salvó la vida.

Pero de donde vino toda esa depresión? Mi respuesta es clara, se debe a los abusos que tuve desde niña, todo eso desató mi depresión. Después de hacer una introspección encontré el origen. No había podido superar los abusos, pero desde que estoy inmersa en este mundo de espiritualidad, he comenzado a sanarme y realmente ya no lloro cuando los recuerdo. Cuando descubrí el libro, El plan de tu alma, entendí muchas cosas y por tanto me ha ayudado a sanarme.

Entrar en el mundo espiritual se ha convertido en mi medicina, conocer toda esta información del bienestar mental, físico, del corazón, me han renovado; soy otra persona que ama la soledad, esta vez no duele. Amo compartir momentos conmigo misma aunque este casada. Aprendí que el amor no duele, ahora trato de vivir sin apegos. Con mi esposo, no existen tales apegos, ni control, y amo eso; poder sentirme libre así este casada. Ahora aprendí que el amor de mi vida SOY YO. Es la primera vez que vivo una relación sin miedo a que no me quieran, a que me usen o a que me abandonen. En este momento soy una mujer feliz y sana mentalmente.

Mi consejo es que busquen ayuda profesional cuando se sientan mal y combínenla con la espiritualidad, podrán sentir un gran alivio y quizás puedan sanarse como lo hice yo.

Gracias por leerme.

Resiliencia.

Resiliencia.

Photo by Benjamin Suter on Pexels.com

Antes esta palabra era tan desconocida para muchos, hace unos pocos años se volvió una palabra de moda y muchos se refieren a ella como una gran cualidad, un don, un super poder, que todos quisieramos prácticar en nuestra vida y no dejarnos derrotar ante las situaciones poco fáciles.

Considero que soy una persona resiliente porque la vida me preparó para serlo de muchas maneras. Soy una mujer que persigo mis sueños, que hasta ahora he logrado todo lo que me he propuesto. He tenido mis fracasos pero no me culpo y no me autocastigo por fallar. No es mediocridad, pero es mejor saber que lo intenté y que no me quedé de manos cruzadas por miedo. Cuando quiero lograr un sueño, el miedo no puede conmigo, no permito que se interponga. El miedo está ahí pero no me detiene.

Vengo de una familia campesina humilde, entonces mi camino no ha sido fácil pero ha sido bonito todo lo trascendido y me siento tan orgullosa de mi misma. Mis posibilidades por terminar mi bachillerato, la Universidad y ser una profesional eran muy reducidas, pero mis ganas por superarme y el amor a estudiar me ayudo el superar vivir lejos de mis padres desde cuando era una niña de 11 años, estar internada no fue nada fácil para mi, fue una experiencia muy dura pero esto me ayudó a ser fuerte, a ser independiente, me ayudó a luchar por mis sueños, y a comprender que el mundo no tenia limites. Y así ha sido a lo largo de mi vida, soy arriesgada y a veces fallo por eso. Pero cuando quiero lograr mi meta, nada ni nadie me detiene. Lucho hasta el final y si no pude obtenerlo, entiendo que Dios, que la vida no lo quieren para mi o no me conviene, o no es el momento adecuado, o quizás es que se está gestando algo mucho mejor para mi. Siempre he dicho lo bueno toma su tiempo. Y es una realidad, todo toma un proceso y a veces nosotros somos muy inmediatistas, lo queremos ya pero lo que no sabemos es que Dios está haciendo su obra maestra. Y si tu ahora analizas un sueño alcanzado, que era muy importante para ti, y tuviste que esperar un buen tiempo para obtenerlo, y creíste en ese momento que Dios no te había escuchado o que eso no te convenía, pero que finalmente resultó y ahora comprendes que lo que esperabas llegó de una forma fenomenal, más grande, quizás más poderosa, llegó más perfecto, incluso de lo que tu habías esperado.

Por eso les digo mis amigos que nunca pierdan la fe, y que si ese sueño no se ha dado todavía es porque Dios lo está preparando hermosamente para ti. Imagínate, ese sueño es un proceso y es lo que yo le digo a mi hermana, cálmate, deja de ser ansiosa, tienes que aprender a esperar, tu no te imaginas cuantas cosas deben pasar, cuantas personas tienen que moverse para que tu sueño se de. Y eso yo lo aprendí hay sueños gigantes que necesita de una gran revolución en el mundo y por eso toman su tiempo.

Las situaciones difíciles son un gran desafío, son unos maestros que ayudan a entender tu fortaleza, tu resiliencia y tu gran poder interior. Yo le doy gracias a Dios por todo lo vivido, porque no me canso aunque la vida se ponga resistente como el acero. Cuando se vence todas esas adversidades, comprendes que eres una persona increíble por resistir y nunca desistir. Cuidado, nunca debemos pisar al otro, derrumbar al otro para lograr nuestros sueños, ya que pierde cualquier validez ante la vida. Las metas se hacen con el corazón, con honestidad; así puedes ser un gran orgullo para ti misma y para tu familia.

Importante que sepamos comprender cuando algo no conviene para el bien de nuestra alma y no nos pongamos tristes porque nuestro sueño no fue alcanzado. Muchas veces Dios nos ahorró grandes sufrimientos, o quizás aún no estábamos preparados para obtenerlo.

Les voy hablar de mi último sueño alcanzado, yo siempre quise vivir en Estados Unidos, y era un sueño desde que era una adolescente. Cuando tenía 20 años pedí la visa y me fue negada, no se imaginan la tristeza que me dio; pero me dedique a terminar la Universidad en mi país Colombia, luego comencé a trabajar en una Multinacional, la cuál tenia sede en Estados Unidos, así que por medio de esta empresa obtuve mi visa Americana. Primero vine con visa de estudiante de Inglés y vine a conocer este país soñado, esos meses en Estados Unidos fueron maravillosos, la mejor época de mi vida, nunca había sido tan feliz. Cuando regresé a mi país, sabía que definitivamente Estados Unidos era el país donde quería vivir porque conocí la felicidad, la tranquilidad, la abundancia. Estados Unidos era mi país del corazón, no se como explicarlo pero me sentía tan conectada con este país de una forma especial, me sentía enraizada, sentía que era parte de mi y que por primera vez me sentía parte de un lugar, de un espacio. No me pude regresar de inmediato a Estados Unidos, porque se me presentó un proyecto que quería realizar y me reconecte nuevamente con el amor de mi vida, mi primer amor, después de no vernos por 18 años, y comencé una relación con él. Pero mi corazón seguía añorando Estados Unidos, mi alma quería estar en ese país. A los dos años mi proyecto y mi relación amorosa empezaron a robarse mi paz. Entendí que ese proyecto no me daba alegría y que ese hombre no era el hombre adecuado para mi. Entonces empecé a buscar la forma de venirme a Estados Unidos, toqué puertas pero no se abrían pero lo seguía soñando todo los días, hacia la tarea de visualizarme viajando en avión, aterrizando en Miami. Conociendo a un hombre maravilloso y casándome. Me tomó un año y cinco meses para conseguir llegar a Estados Unidos nuevamente, no fue inmediato; pero les digo algo, desde que llegué a Estados Unidos todo se ha dado tan perfectamente, todo lo que visualicé, todo lo que soñé, lo logré; no he tenido que pasar por situaciones tan difíciles como dormir en el piso, o dormir en un parque, no he tenido que luchar y luchar para sobrevivir. Nada de eso, Dios me puso ángeles desde que llegue a este país. Llegue a Estados Unidos a vivir definitivamente en Enero de 2019. Cuando algo se va dando perfectamente, sin insistir e insistir, es porque estás en el camino correcto. Finalmente les digo que soy muy muy feliz en este país. Amo este país. Y tengo mil sueños por alcanzar.

Los Apegos.

Los Apegos.

Photo by Pixabay on Pexels.com

Nacimos libres pero a medida que vamos creciendo, nos apegamos a las personas, a los lugares, al dinero, nos apegamos a cosas y se nos hace tan difícil soltar. El cambio es constante en nuestra vida, es por eso, que se nos desafía soltar apegos, pero que tan difícil es dejar ir a alguien que amas, la vida se nos derrumba y el vacío nos consume.

La vida es un camino en el que personas estarán por un pequeño periodo de tiempo y luego desaparecerán, y luego vendrán otras personas y se te unirán. Otras nos acompañaran en ese camino por mucho tiempo, ellos serán nuestra familia.

Cuando alguien, o algo se hace tan indispensable, la vida nos enseña que no es sano, y que esa afirmación nos limita a esa persona, que no vemos más allá de nuestros ojos; acá es cuando llegan los aprendizajes necesarios para nuestro crecimiento.

Qué es el apego?

Podría definirse como una vinculación afectiva muy fuerte hacia otra persona o cosa, buscando satisfacer las necesidades de protección y seguridad.

La vida me enseño que es más fácil avanzar sin apegos, nuestra maleta debe ser ligera, que mi felicidad depende solo de mí, que mi amor propio es mi responsabilidad, que es egoísta cederle a esa persona toda la responsabilidad de hacerme feliz. Nos apegamos a esa persona y se convierte en mi todo, en mi mundo y por tanto, me pongo en segundo lugar para poner al otro en el primer lugar. Me olvido de mí, de mi esencia, me traiciono y comienzo a complacer al otro. Mis proyectos se transforman o los aplazo, no se que haré el próximo fin de semana, depende de lo que diga él o ella. El o ella tienen ahora el control. Noo, esto ya no lo quiero para mi vida. El mundo es tan grande, que decidí que me sorprenda, decidí que me arranque de ese lugar que se volvió mi espacio favorito, porque quiero conocer más lugares favoritos. Si cada día crezco en mi ser, entonces, se afectará mi comodidad y me obligará a saciar mi tranquilidad, siempre mi alma buscará crecer y a veces sentirá que no cabe, que piensa tan diferente a los que comparten cerca de mi. A veces siento que no encajo y eso esta bien.

Desde que entendí que los apegos me hacen pequeña, empecé a vivir en mi mundo, paso muchas horas conmigo misma y lo disfruto tanto, a veces me olvido de las otras personas, pero descubrí que mi compañía es tan placentera, comencé a meditar, a conocer más de mí, ahora hablo mucho más con Dios y lo hago a diario, he comenzado a manifestar mis sueños, y casi todo el tiempo estoy vibrando alto. Este autoconocimiento salvo mi vida de la tristeza y de la depresión. Y hoy soy una persona que vive en paz, soy libre y feliz.

Cuando no hay apegos, puedes ser más feliz, porque no dependes de nadie o de nada. No se trata de renunciar a todo, No; más bien se trata de tener la conciencia que si tu empleo, si tu pareja, se termina, tu puedes ser feliz, que ellos no son fundamentales para tu paz. Cuando entiendes esto, entenderás que tu vida no estará en un estado de sufrimiento, que no sentirás desespero emocional por perder eso que tanto amas. Que no sentirás miedo al abandono, que tu vida no se derrumbará día a día. Ahora que conozco la libertad, créanme que esto me ayudará a no volver atarme a nadie y a nada. Porque el apego es como una cadena, en una punta encadenas a ese ser que quieres para ti y en la otra punta te encadenas tu y esto no lo quiero volver a vivir. Ya no más apegos en mi vida!

Cómo sané las heridas de mi niñez.

Cómo sané las heridas de mi niñez.

Photo by Karolina Grabowska on Pexels.com

A mis casi 40 años de edad, tuve que hacer el ejercicio de sanar las heridas de mi niñez, porque sentía que continuaban haciendo estragos en mi presente. Porque a veces recordaba mi niñez y me dolía profundamente. Hace más de tres años, viví un periodo de soledad de 3 meses, encerrada en una casa extraña, cuidando a dos jovencitos de 12 años y cuidando a dos mascotas. Y los demonios empezaron a inundar mi cabeza debido a la soledad que sentía, recordar los abusos físicos de mi niñez, los golpes que recibía cuando era niña por parte de mis padres, estar en un internado a la edad de 12 años, alejada de mi familia; todo esto desencadenó en mí una gran timidez, una necesidad por sentirme amada. Hace años sufría de ira, sentía mucha ira, era tan voluble, sufrí de depresión y ansiedad y como dije anteriormente todo esto se detonó debido a todas esas vivencias que tuve cuando era una niña.

Nunca odie a nadie, porque siempre supe que el odio significaba envenenarme a mi misma, además creo en Dios y El es mi todo, por eso decidí tener mi corazón en paz. Entender que no hay culpables, fue lo más difícil de comprender, pero el libro El plan de tu alma por Robert Schwarts, me ayudó a hacer las compresiones para poder sanar mi niña interior. Entender que mis padres actuaron de esa forma, porque eran ignorantes, porque eran personas sin estudios, y porque era la información que tenían en ese momento y lo que sus padres les enseñaron.

Esta vida es una escuela sin lugar a dudas, y al vivir este periodo de soledad encerrada, me dio la oportunidad que tenía para sanar mi niña, mejorar mi autoestima, si quería ser una mujer feliz y exitosa. Vivir en conciencia exige, que primero está el Ser, que hay entrenadores que te enseñan grandes aprendizajes que después tú lograrás más experiencias, más madurez, que debes vivir en el presente porque esta vida es tan corta y ya no vale la pena estar atada al pasado, que es una pérdida de tiempo la cuál te roba tu energía, baja tu frecuencia y comienzas atraes cosas que no aportarán nada bueno a tu vida.

Al sanar mi niña interior, todo mejoró para mi, aprendí a decir no cuando no quería, no permití más que la gente se aprovechará de mi, me alejé de la gente tóxica y pude encontrar un buen hombre quién es ahora mi esposo. Sanar mi niña, perdonarme, no victimizarme sino honrarme, valorarme, admirarme, respetarme, hizo que las cosas negativas que estaba pasando por ese momento; ya no me afectarían más porque decidí alejarme y buscar mi camino. Soy una mujer perseverante y no iba a permitir que nadie controlara mi vida, nada de eso y me alejé. Y empezaron a ocurrir cosas buenas.

Ya mi alma había aprendido las lecciones, y ya era momento de continuar otra etapa y así fue, la vida me promocionó y ahora estoy en un momento de mucha paz, de mucha alegría en mi vida. Continuo con los desafíos que trae la vida pero ya no sufro como antes, al contrario trato de tomar la información que he ido conociendo y comienzo a aplicarlo a dichos obstáculos y se me ha hecho más fácil la vida.

Sanar tu niño o niña es fundamental, para tus nuevas relaciones ya sean de pareja, laborales, o fraternales. Te permite vivir sin culpas, te ayuda a mejorar inmensamente tu autoestima, y te permite ser un humano más consciente interactuando con el mundo exterior. Definitivamente sanar tu niño interior será la puerta para vivir en paz, sin traumas, sin sufrimientos, y desde luego para crecer como Ser.

Gracias por darle me gusta y por suscribirte.