La culpa que me hace sentir frustrada.

La culpa que me hace sentir frustrada.

Es muy difícil no sentir culpa cuando sabes que no hiciste lo correcto. Pero es más difícil cuando ya no eres una persona ignorante y conoces información que te ayuda a vivir con más conciencia. Es que vivir con coherencia es una virtud poco fácil de aplicar.

Hace poco recordé que la vida me había traído una vivencia del pasado, precisamente sobre cerrar ciclos. Yo no la busqué, solo vino a mí. Y definitivamente yo no había cerrado el ciclo, entonces como no lo había cerrado, me desubiqué, me confundí y vinieron unos días difíciles para mí porque me enfrentó a mis miedos, a mis anhelos, me hizo reconsiderar las decisiones ya tomadas. Esta situación me confrontó dolorosamente y me sentí tan perdida, caí bajo una inmensa tristeza.

Entonces los pensamientos excesivos se apoderaron de mi mente, el insomnio llegó de nuevo, la incomodidad empezó a hacer mella. Precisamente acá me doy cuenta de que tenía una vida muy tranquila, que a pesar de que no era la vida de mis sueños, evidentemente vivía muy alegre, trabajando en mis proyectos y viviendo en paz, justamente acá valoro que todo estaba bien en mi vida.

Entonces mi corazón comienza a desear eso que tanto quería, y que yo sabía que no era bueno para mí y que al accionarlo teniendo en cuenta que para mi conciencia era incorrecto, que me haría sentir culpable, otorgándome vivir un karma por merecimiento y finalmente esto me traería problemas. Pero es que es tan difícil luchar cuando tu corazón quiere tanto algo, es muy difícil ganar esa batalla. Finalmente yo no puedo y me dejo llevar por mis emociones que traté de callar, de desaparecer por un mes. Yo tenía miedo de atentar contra mi paz interior, de fallarme. Entonces lo único que pensé fue rendirme ante Dios y le dije: Querido Dios yo no puedo con esto, es más fuerte que mi voluntad. Tú sabes finalmente que es lo correcto, ayúdame a superar esta prueba tan difícil que me ha quitado la paz. Soluciona tú este problema, ya que yo no puedo hacerlo.

Evidentemente Dios me mostró el camino y eso que pensaba hacer no sucedió. Dios intervino para que no ocurriera.

Ese día me sentí culpable por no haber tomado yo el control, porque me fallé como ser humano y no me importó las consecuencias. Porque aunque quiero ser una mejor persona, no actué en ese momento como tal y siento que perdí esa prueba que me puso la vida, siento como si hubiera perdido un examen y que debía habilitar. Pero pienso que no todo se perdió, yo soy un ser humano viviendo muchas experiencias y para alcanzar la maestría debo cometer errores para alcanzar la comprensión y la excelencia. Que esta condición de humanos nos muestra nuestra vulnerabilidad y que no podemos ser tan intransigentes como si tuviéramos superpoderes. Dios sabe que yo hago mi mejor esfuerzo día a día por ser luz, que mi propósito es vivir en el amor, pero que El entiende perfectamente mis imperfecciones. Dios no me juzga, él solo me ama como Padre que es. Además Él siempre está ahí para ayudarnos a superar las duras pruebas cuando con amor y humildad lo buscamos porque entendemos que Él es el Todopoderoso. Así que comprendo que no debo sentirme culpable, sino más bien comprender todo lo que vino a enseñarme esa situación que me hizo vivir días tan tristes. Claramente no había cerrado un ciclo y la vida me mostró que había que clausurarlo para siempre. No dejar nada pendiente, terminarlo y decir adiós.

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