Sanando mi niña interior.

Sanando mi niña interior.

Desde el 2018 estoy en la tarea de sanar mi niña interior porque descubrí que tenía tanto dolor en el alma. Comprendí porqué mis relaciones de pareja habían sido tan miserables. Porque cuando era adolescente, carecía de autoestima y tenía una idea tan absurda del amor.

Cuando era adolescente y una joven universitaria pensaba que el amor dolía y que era normal, que era un constante sacrificio. Además creía que debía esforzarme todo el tiempo para ganarme el amor de un hombre. También pensaba que como era su novia, debía ser su apoyo incondicional no importaba el qué, el cómo, tenía que estar siempre ahí al pie del cañón. Así mismo, una infinita complacencia con mi pareja.

También pensaba que yo debía estar en el segundo lugar, y que a veces tendría que estar en el tercer lugar. Que debía pensar primero en el otro, en sus necesidades, en sus agobios, en sus problemas. No podía olvidar que debía ser agradable todo el tiempo, en ser cariñosa, en preocuparme sobre cómo iba su día, que a veces me contestaban horas después. Mi constante trabajo era que el otro tenía que ver todo el tiempo lo buena persona que era y que yo era la persona correcta con quién él debía estar.

Pero cuando soy una mujer adulta comprendo que el amor no se mendiga, no hay que trabajar tanto para lograr la atención de tu pareja, además que no se debe normalizar que te ignoren y aunque te den más excusas, ellos solo están mostrándose quienes realmente son y que eres tu para ellos.

Tener una pareja que sea un experto en ignorarte, no vale la pena. Mandalo a la mie***. Para qué vivir en una constante ansiedad con sus juegos estupidos.

De niña yo comprendí otra cosa diferente del amor. Mis padres me decían que me querían, y me golpeaban, me castigaban, me gritaban. Yo no lo entendía, si eran mis padres y yo su hija porque tantos golpes, porque tantas lágrimas. Entonces pensaba que el amor dolía. Pensaba que los besos era lo mismo que los golpes. Mi niña tenía una idea muy absurda del amor.

Mis padres no fueron salvajes conmigo, solo eran unos campesinos que les tocaba trabajar muy duro para vivir y mantener a sus tres hijos. El trabajo del campo es muy duro y el dinero que se ve es muy poco, tristemente. Mis padres también crecieron con golpes, con castigos por parte de sus padres. Ellos tampoco sabían que era el amor real. Ellos nos dieron lo mismo que les dieron a ellos.

Yo no recuerdo escuchar de mis padres decir: Te amo o te quiero. Y resulta que nunca fui capaz ó soy capaz de decirles te quiero, me sentía y me siento tan incomoda de solo tratar en pronunciar esas palabras.

Aún sigo sanando mi niña interior, ha sido una tarea prolongada pero me ha ayudado a amarme mucho. Hoy puedo decir que aprendí a valorarme y a admirarme. También tengo un buen esposo que me ama y me respeta.

Hoy por fin vivo en el amor verdadero, el amor que no duele, el amor que no destruye sino que construye, el que vale la pena. Y si Dios es amor, el amor es Dios.

Deja un comentario