Los milagros siempre están presentes en nuestra vida y no son tan imposibles de lograr. Son posibles gracias a la certeza de que se harán realidad, si crees con todo tu corazón pues las probabilidades de que lo logres se cumplirán.
Claro que no siempre ocurren a la brevedad pues cuando tu problema es tan grande se necesita de un tiempo, pero precisamente eso es lo más bello de un milagro porque tu mente saboteadora te dirá: «Eso es imposible. No sucederá». Y luchar por no perder la fe, es un gran desafío. La fe se pierde varias veces pero si crees que Dios te escuchó y sabes que El te ayudará entonces la fe regresa; definitivamente es una lucha porque eres humano y es normal que pierdas la fe cuando ves que las cosas no cambian o se ponen peores.
Yo he vivido grandes milagros en mi vida, han sido unas proezas, parecían imposibles de lograr, todos los pronósticos iban en contra y han tomado tiempo de que ocurrieran pero es entendible debido a la magnitud del problema. En todo el proceso siento perder la fe y buscar otras opciones que no serían una buena solución a mi dificultad y aunque las analizo, entiendo que si las tengo como mi plan B, es porque dudo de que Dios me concederá mi milagro, entonces prefiero volver a confiar en que Dios en su infinito amor me concederá la solución que tanto le he pedido. Y hasta el día de hoy, Dios me ha escuchado y me ha concedido Milagros.
Pero esto requiere de mucha oración, de leer la Biblia y meditarla, tratar de ser una mejor persona y obrar correctamente según tu conciencia, tener presente el servicio a los demás; son varias cosas que debes hacer para prepararte y así poder recibir ese regalo maravilloso, un Milagro. Es necesario preparar tu corazón, si hay tierra fértil en ti, más fácil será de que se produzca el milagro. Es como decirle a Dios, entiendo que debo mejorar y que esta dificultad tenía que pasar para que yo madurara, para evolucionar, para creer más en mi misma y para que yo valore más la vida.
Es mostrarte humilde ante el Padre y decirle mi vida esta en tus manos, tu eres mi creador; simplemente es rendirse y reconocerlo como tu Salvador. Ahí empieza la magia; las cosas comienzan a cambiar, se despierta una pequeñísima esperanza pero es suficiente para esperar a que suceda ese inmenso Milagro.
Entendemos que la fe si mueve montañas y que también nosotros tenemos esa gran fuerza que ayuda a lograr grandes victorias y que somos tan fuertes que podemos cruzar los valles más dolorosos pero siempre llegaremos a la meta, llegaremos a que nuestros sueños se hagan realidad.
Los Milagros son la muestra de que Dios nos ama inmensamente.
Quise escribir esto, porque es mi manera de agradecerle y de reconocerle que El es Grande. Y que El nunca falla.
