Gracias Padre, mi Dios.

Gracias Padre, mi Dios.

Quiero que mis manos escriban las alabanzas mas hermosas a ti, mi Dios. Yo quiero cada día confirmarte mi amor. Decirte que eres es mi todo, decirte que yo te amo, decirte que te siento dentro de mí todo el tiempo.

Yo me siento acompañada por ti cada día de mi vida. Definitivamente tu vives en mí, lo sé porque te siento vivazmente y cuando tengo esos momentos de oración contigo, yo consigo emocionarme tanto que llego a pronunciar palabras tan profundas, y es tanta la alegría y el éxtasis que siento, que después olvido por completo mis alabanzas, mis conversaciones contigo. Solo puedo recordar algunas palabras claves y olvido por completo mis diálogos contigo Padre.

Yo siento que el Espíritu Santo entra en mi interior y El es el que pone esas palabras tan hermosas en mi boca, que me asombro cuando las estoy pronunciando, porque son palabras tan precisas, además no son palabras que yo use todo el tiempo y no son comunes en mi lenguaje.

Yo quiero escribirte Dios mis más bellas cartas de amor, quiero decirte siempre gracias. Gracias por estar siempre conmigo, porque me muestras el amor que me debo tener hacia mi misma, el respeto que siempre me debo dar, así como la benevolencia y la admiración que me debo tener siempre. Gracias Padre porque me rescataste, ahora puedo ver claramente mi belleza interior y me gusta mucho la mujer que soy.

Me siento muy orgullosa del gran cambio que he hecho y siento que soy esa mujer que si yo fuera hombre me enamoraría por completo. He cultivado tantos valores en mi, que me hace sentir sin lugar a dudas más hermosa, más deseable como ser humano.

Gracias Dios por rescatarme, por brindarme tanto amor. Gracias Padre por darle ese cambio tan bonito a mi vida y que me dignifica como mujer, que me construye hacia lo bueno, hacia lo grande. Crecer como ser humano es un reto, aunque este reto lo comencé en el 2018, el cual me ha permitido descubrir mis talentos, esos dones que he encontrado poco a poco.

Gracias Dios porque soy tu hija amada a la que cuidas, la que tú consientes todo el tiempo. Cada vez que tengo un diálogo contigo, mi corazón se emociona tanto, que comienzo a llorar como una niña, siento tanta felicidad. Esta felicidad me embriaga el alma, cada vez que te hablo Dios, te hablo con tanto amor, que mi corazón comienza a irradiar luz, siento que mi cuarto se llena de tu presencia, se llena de tu amor, y me das tanta paz. Me siento bendecida por ti.

Las palabras que yo pronuncio son sinceras, son amorosas y es porque el Espíritu Santo está en mi y me siento muy feliz de poder dirigirme a ti Dios mío con tanto respeto.

Deja un comentario