Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.

Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma.

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Nada mejor que aceptar las cosas y no negarse. Nada mejor que enfrentar a tu enemigo y cuando hablo de enemigo me refiero a esa situación que te quita la paz como una enfermedad, un miedo o esa dificultad que te hace vulnerable en este momento. Al principio nos damos a la negación pero no dejamos en pensar en eso, que paradoja lo negamos pero lo tenemos en nuestra mente día y noche.

Cuando leí esta frase supe inmediatamente que tenía que enfrentarme a la diabetes, me negué a aceptar que la padecía, me dolía mucho saber que tenía una enfermedad crónica. Pero supe que si aceptaba que existe en mí podría hacerle perder su fuerza de destruirme. La confronté, le dije esta bien Diabetes, ya se que viniste a mi vida, reconozco que puedes matarme como lo hiciste con mi tío. Pero no voy a concentrarme en lo negativo, voy a mirar lo positivo. Quizás llegaste a mi vida para mostrarme que la salud es un tesoro, que comerse un chocolate es un gran placer en la vida y que no necesito gastar mucho dinero para disfrutar de comer ese chocolate pero ahora no puedo comerlo; pero eso no quiere decir que no reconozca de los pequeños placeres que dan mucha felicidad. Llegaste a mi vida para enseñarme que lo que no se mide, no se controla y esto lo deberíamos aplicar en nuestras finanzas, en nuestros emprendimientos, o en los negocios. Viniste para mostrarme que el ejercicio físico, la sana alimentación debería ser una constante en nuestra vida y no solo cuando el cuerpo se enferma. Me enseñaste que el cuerpo habla cuando la mente calla y que es necesario sanar nuestro niño interior porque de lo contrario nuestro cuerpo sufrirá las consecuencias de los traumas que nunca fueron tratados, hablados y superados. Nuestro cuerpo es tan valioso e inteligente y es nuestro vehículo en este espacio terrenal y que deberíamos agradecer por el todos los días.

Por todo esto enfermedad acepto que llegaste a mí pero eso no significa que te quedes conmigo toda la vida, te veo como una maestra pero no te veré como parte de mi. Dios me sanará porque creo en El. Así que te doy gracias Maestra por todo lo que me has enseñado. Espero que pronto puedas irte de mi vida. Prometo que me amaré más y que cuidare siempre de mí, mejoraré mis pensamientos y hábitos.

Cuando comencé a hacer este ejercicio de aceptación, mis niveles de azúcar mejoraron mucho y hasta al momento no se ha desbordado en mí. Y sentí que le había restado fuerza a mi enfermedad y que ella no me controlaría. El aceptarla me hizo ver solo las cosas positivas y en eso me concentré y por supuesto me transformó haciéndome más fuerte y valorando más la vida.

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