
A veces nos sentimos acabados, a veces nos sentimos abrumados de nuestras batallas. Sentimos que ya hemos pasado por tanto, y que ya es justo no pasar por más dificultades. Pero esto sería algo fantasioso, vivir sin preocuparte, vivir sin estrés.
Lo que la vida me ha mostrado es que es más glorioso, más sublime cuando alcanzas tu sueño. Cuando ya has perdido casi todo, cuando ya no tienes fuerzas para luchar, cuando por décima vez te levantas, cuando te sientes abandonada ó abandonado; en este momento de total debilidad surge por arte de magia la Fortaleza. Ese momento de debilidad, te muestra que lo único que queda es la humildad ante tu Creador, tu Dios; es abandonarte a sus brazos y decir: Ya lo intenté todo, ya toqué todas las puertas posibles, ya no puedo más y ya no se que más hacer. Te dejo todo a ti, mi Señor. Tu infinito amor es lo que puede salvarme.
Al mostrarte humilde ante Dios, le haces saber que lo amas, que confías en El y que El más que nadie conoce tu corazón, cuando te muestras humilde, es cuando comprendes que no tienes el control y que debes soltar, y que alguien más grande que tu puede hacer que las cosas sucedan.
En mi momento de debilidad, reconozco mi humildad, entonces nace realmente mi fortaleza y comprendo que muchas veces necesitamos de la mano del Creador. Porque finalmente El es mi fortaleza.
