Siempre he creído en Dios y decía amarlo. Pero últimamente me había dado cuenta de algo, que no era consecuente con mis palabras y acciones. Si decía amar a Dios pues tenía que demostrárselo. A Dios le encanta que le hablemos, que lo tengamos presente porque El vive en nuestros corazones, así que es allí donde debemos buscarlo. Entrar en nuestro interior y conectarnos con el Ser Supremo.
Hace unos meses Dios me concedió un milagro, algo que era tan difícil de lograr porque la justicia en mi país no podía apoyarme porque sencillamente no había un acuerdo por escrito. Pero Dios permitió que ocurriera ese acuerdo por escrito ante un juez. Pero para que sucediera esto, yo tuve que esperar cerca de un año y medio. Pero entendía que como mi problema era complicado pues tomaría un buen tiempo. Debía tener paciencia pero no fue fácil, frecuentemente me entraba la duda, a veces lloraba de impotencia. Pero siempre me llenaba de fe después de desesperarme. No importa si te desanimas lo importante es volver a confiar, es lo único que nos queda. Pensé en varias soluciones, hasta tuve un plan B; pero un día me dije como puedo decir que creo en Dios y tener un plan B por si no resulta?. Eso era contradictorio y le estaba diciendo a Dios: «creo en ti pero a veces dudo. Te voy a ayudar buscando otras opciones por si no puedes ayudarme!…» Que? De ninguna manera, si decía que confiaba en que Dios podía ayudarme, tenía que tener la certeza absoluta de que así sería. Entonces tenía que comenzar a actuar en coherencia.
Qué hice?
Desechar cualquier plan B. Y si dudaba pues tratar de recuperar la confianza. Comencé a conectarme con Dios, le hablaba como si le hablara a mi madre y lo hacía todos los días, le hablaba con mucho amor. Comencé a incluirlo en mi día a día, le decía que tenía miedo pero que yo sabía que El podía hacer que ocurriera el milagro. Traté de no pensar en él problema constantemente y si me llegaba ese pensamiento, me decía: Dios ya está obrando e inmediatamente comenzaba a agradecer como si el milagro ya hubiera ocurrido y agradecía por todo, absolutamente por todo; por cada día, por mi salud, por lo que comía, por mi familia; en fin, hay miles de cosas por agradecer. También agradecí por mi problema porque evidentemente esto me había mostrado algo que yo tenía que cambiar en mi y me estaba enseñando algo necesario para mi evolución.
Y saben qué? Encontrar el algo positivo a mi problema y entender que era una enseñanza, aceptarla cómo tal, hizo magia. Si, realmente hizo magia, por que le estaba mostrando al problema que ya no podía atacarme más y desesperarme más y porque ya había aprendido mi lección. Entonces inmediatamente empezó a avanzar el proceso con mi abogado. Todo empezó a despertar, pero yo no deje de orar a Dios, además él hablar con Dios me daba más fuerzas. Le empecé a cantar a El, a decirle que lo amaba frecuentemente, a dar gracias muchas veces al día.
Y entendí que Dios ama que lo tengas en cuenta, que lo incluyas en sus planes, que le pidas una señal ante cada decisión. Entendí que a ÉL le encanta que tu le digas que lo amas y que se lo demuestres. Tu corazón cambia, piensas en que tu interior debe ser un espacio cada vez mejor, un espacio lleno de amor y de bondad donde te conectarás con Dios. Cada vez haces que tu vida se convierta en amor, este es el bello resultado de conectarte con Dios constantemente. El amor de Dios te hace ver que tienes que cambiar y tratar de ser una persona bondadosa. Claro que somos humanos pero nuestro corazón nos hace ver cuando algo que hacemos o decimos está mal. Nosotros mismos lo comprendemos. La claridad se hace más notoria en nuestro corazón.
Acercarme a Dios es la mejor decisión que he hecho en mi vida, porque no sólo lo descubrí sino que me descubrí a mi misma. El te hace llegar ideas para solucionar los problemas o te envía señales todo el tiempo. Dios siempre se comunica con nosotros.
Cuando me conecté con Dios tan profundamente supe que cualquier dificultad tiene solución. Y que El vive en mi corazón, se nos hace difícil escucharlo porque tenemos nuestra mente llena, muy llena de pensamientos. Entonces con que espacio esperamos que Dios pueda hablarnos, si no tenemos un espacio para El?.
Gracias por leerme, no olvides suscribirte!
