
He sufrido cuadros de depresión desde que estaba en mi último año de colegio y mi inmadurez estaba en todo su esplendor. Era una adolescente inmadura y muy enamorada, esta combinación es aterradora. Luego a mis 30 años comencé con un cuadro de ansiedad tan fuerte que tuve que estar medicada, y se debía a mi estrés laboral, a veces trabajaba hasta 12 horas seguidas porque era demasiado mi carga laboral. La soledad se apoderó de mi, yo nunca he sido muy sociable entonces mis amigos han sido pocos. Mi gran defecto es no mantener la amistad, he tenido a tantos amigos pero a todos los alejo de mi corazón. Cada vez que llego a un nuevo entorno, hago amigos y luego que dejo ese lugar, pierdo todo contacto con ellos. A mis 30 años la soledad me dolía, era esa sombra que tu querías desaparecer pero mis pocos amigos ya estaban casados o con hijos, y por supuesto ya los amigos pasamos a un tercer o cuarto lugar, entonces aprendí a amar a la soledad, aprendí a abrazarla y a quererla, aprendí a convivir con ella. A mis 30 ya tenía «todo», casa, carro, una carrera profesional, un posgrado y trabajaba en una multinacional pero estaba tan sola, recuerdo que ganaba bien pero no tenía con quién compartir experiencias, vivencias, esas cosas que solo se disfrutan con una pareja ó con amigos.
Entonces abracé esa soledad con amor y ese abrazo se volvió un hábito en mí. Ahora amo mis ratos de soledad y aunque esté casada necesito esas horas conmigo misma a diario, son vitales.
Hace unos años, mi depresión regresó, viví la infidelidad, el desamor de mi pareja y sentí tanto dolor, esta vez fue mas fuerte. En mis treinta años había sido medicada por mi ansiedad pero me recuperé, dure dos años en tratamiento psiquiátrico. Pero ocho años después me sentí de nuevo tan vulnerable, sin ganas de vivir, con un dolor que me ahogaba y el insomnio se apoderó de mi. El dolor era tan fuerte, que se convirtió en desesperación, el día en que no aguanté más tuve que ir un hospital psiquiátrico, no me atendieron porque solo atendían pacientes de una empresa prestadora de salud. Yo pensaba que me iba a tirar a un carro, estaba tan desesperada; no entiendo como estas entidades si ven una persona enferma que llega sola por sus propios medios no la atienden. Por Dios, ese día quería morirme y ese hospital me dijo «no podemos atenderla». Tuve que irme a un centro comercial cercano o shopping mall y tranquilizarme. Ese día había contactado a mi psiquiatra, pero el no tenía disponibilidad, su agenda estaba llena; él viendo mi desespero me recomendó a una colega suya, pude hablar con ella por teléfono y por fin ella podía verme al siguiente día. Sentí un gran descanso, ese día viví un ataque de ansiedad. Fue lo más horrible que viví y lo viví sola, mi pareja con quién me iba a casar ya estaba en brazos de otra mujer.
En esos días en que estaba tan deprimida mi relación con mi mamá estaba mal porque yo estaba irritable, de mal genio pero yo nunca le hablé a mi mamá o a mi familia de la tristeza que traía porque sentía que ellos no podían entenderme por lo que estaba pasando. Siento que una persona que no ha sufrido de depresión o ansiedad no es buena consejera, porque te dicen «mi vida fue muy difícil y yo no tuve que ir a un psicólogo», «la vida es muy bonita para uno ponerse triste». En fin, te afecta más cuando empiezan a darte esos consejos que al final terminan desesperándolo más a uno. La única persona que sabía de mi situación era mi mejor amigo pero el vivía en otra ciudad.
Ese día recuerdo que llamé a mis amigas, era un martes o miércoles, no recuerdo bien el día pero eran las 12 pm (mediodía) y ninguna de mis amigas contestó mis llamadas. Necesitaba hablar con alguien para no tirarme a ningún carro, ese día quería acabar con mi vida. Era increíble que nadie pudiera contestarme el celular, era increíble que un hospital mental me negará el servicio. Pero cuando hablé con la psiquiatra pude calmarme y al otro día fui a la cita con ella. Fui diagnosticada con un cuadro de depresión moderado y ansiedad. Obviamente me medicaron y al mes solo pude obtener el alivio que necesitaba mi alma. La doctora me había dicho que me sentiría mejor al mes, que el medicamento no hacía efecto inmediato, recuerdo que dije «ay Dios mío es demasiado tiempo» pero la doctora me dijo te voy a mandar una incapacidad, pastillas para dormir y con solo dormir lo suficiente empezaras a sentirte mejor, y así fue. Recuerdo que al siguiente día después de la cita con la psiquiatra dormí 14 horas seguidas. Nunca había dormido tanto en mi vida, ese día me levante con los ojos hinchados de dormir que hasta me asusté de mi aspecto pero me sentía más tranquila. Estar medicada no es lo que uno quisiera, pero cuando llegó ese día que despertaba con esperanza, donde sabía todo mi valor como mujer, solo que la enfermedad me había hecho olvidar quererme; donde me sentía una idiota por sufrir por un hombre ya era síntoma de que me estaba mejorando. Esto ocurrió en el año 2018, duré medicada por dos años. Mi doctora decía que debía estar medicada por años pero cuando comencé este camino de la espiritualidad, yo comencé a sentirme mejor. En este momento estoy muy bien, no he vuelto a sentirme triste, no he vuelto a tener insomnio. Toda esta información que les estoy compartiendo en mi blog, me salvó la vida.
Pero de donde vino toda esa depresión? Mi respuesta es clara, se debe a los abusos que tuve desde niña, todo eso desató mi depresión. Después de hacer una introspección encontré el origen. No había podido superar los abusos, pero desde que estoy inmersa en este mundo de espiritualidad, he comenzado a sanarme y realmente ya no lloro cuando los recuerdo. Cuando descubrí el libro, El plan de tu alma, entendí muchas cosas y por tanto me ha ayudado a sanarme.
Entrar en el mundo espiritual se ha convertido en mi medicina, conocer toda esta información del bienestar mental, físico, del corazón, me han renovado; soy otra persona que ama la soledad, esta vez no duele. Amo compartir momentos conmigo misma aunque este casada. Aprendí que el amor no duele, ahora trato de vivir sin apegos. Con mi esposo, no existen tales apegos, ni control, y amo eso; poder sentirme libre así este casada. Ahora aprendí que el amor de mi vida SOY YO. Es la primera vez que vivo una relación sin miedo a que no me quieran, a que me usen o a que me abandonen. En este momento soy una mujer feliz y sana mentalmente.
Mi consejo es que busquen ayuda profesional cuando se sientan mal y combínenla con la espiritualidad, podrán sentir un gran alivio y quizás puedan sanarse como lo hice yo.
Gracias por leerme.
